El
hombre en el horno de carbón
Primer
Capítulo
Era un día bastante
caluroso, había llegado muy temprano al despacho policial, los funcionarios
salientes me habían informado que varias personas se habían apersonado a la
oficina para denunciar la desaparición de un hombre adulto trabajador de una de
las haciendas aledañas a la población de Carrasquel. Decidido tomé nota de
toda la información que habían aportado dichas personas y reuní a mi grupo de
trabajo indicándoles que deberíamos de trasladarnos al lugar donde se presumía
había desaparecido hasta ahora la presunta víctima. Salimos en un vehículo rústico
todo destartalado, el camino cada vez se hacía más difícil y el sol cada vez
más fuerte. Viajamos como dos horas y al finalizar el camino de tierra, nos
encontramos con un sendero de tierra rodeado de grandes árboles y espera
vegetación. Allí nos esperaban varias personas montadas sobre mulas de carga,
habían traído con ellos tres mulas ensilladas y nosotros éramos cuatro, dos
funcionarios a duras penas pudieron subirse a una de las mulas, la cual a
regañadientes comenzó a cabalgar lentamente, el resto del grupo monto en las
dos mulas restantes y comenzamos a seguir al grupo de personas que nos guiaban
al lugar de los hechos. Cabalgamos aproximadamente hora y media, entre subidas
y bajadas. Al llegar al sitio nos entrevistaos con una joven hermosa, de
grandes ojos negros y un cuerpo escultural. Disimuladamente mis ojos se habían posado
sobre todo su cuerpo, vestía un pantalón de jean de color azul y una blusa a
cuadros de colores azul, negro y gris; con dos de sus botones abiertos que
dejaba asomar su hermoso busto. Comencé a entrevistarla y me dijo que la
persona desaparecida era su padre, indicándome que había salido de su casa muy
temprano hacía dos adías y hasta la presente fecha no tenía noticias de él. Le
pregunté qué hacia donde se había dirigido su progenitor y ella, entre
sollozos, me dijo que él se había dirigido hacía una ladera de la montaña donde
tenía construido un horno rudimentario para la producción de carbón vegetal, el
cual vendía en la población más cercana. Le dije que nos llevara hasta dicho
lugar y ella accedió de inmediato; volvimos a montar en nuestro transporte y
lentamente procedimos a seguir a la mencionada joven. Al llegar, nos percatamos
que allí había una construcción rudimentaria elaborada con barro, en forma de rectángulo,
totalmente cubierto y con una sola pequeña entrada a su interior, la misma
utilizada como horno para la quema de madera producto de la tala de la vegetación
del lugar y así conseguir el carbón vegetal. Varias personas se nos acercaron y
comenzaron a manifestar que desde hace dos días el referido horno había sido
encendido, pudiendo observar que del interior del mismo aún salía espeso humo.
Con ayuda de los presentes retiramos la lámina de metal que servía de puerta a
la única entrada de la referida construcción. Se percibía en el ambiente un
fuerte olor a carne quemada. Pasaron algunos minutos para adaptarnos a tan
nauseabundo olor y para disipar algunas llamas que se negaban a apagarse. Cuando
pudimos penetrar al citado horno solo se observaban trozos de leña quemados,
hubo un momento en que mis ojos se posaron sobre un pequeño bulto, era muy
diferente a todo lo demás; le dije a los muchachos que me acompañaban lo que
había visto y con dificultad nos movimos hacia donde lo que había observado.
Tal fue mi sorpresa, que, al mirar detenidamente dicho bulto, pude percatarme
que se trababa de un cuerpo humano, totalmente quemado en sus miembros
superiores e inferiores, con el cráneo aún descubierto por la acción del fuego
y con la casi totalidad de su dentadura.
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