miércoles, 20 de enero de 2016

Novela policiaca



El hombre en el horno de carbón

Primer Capítulo

Era un día bastante caluroso, había llegado muy temprano al despacho policial, los funcionarios salientes me habían informado que varias personas se habían apersonado a la oficina para denunciar la desaparición de un hombre adulto trabajador de una de las haciendas aledañas a la población de Carrasquel. Decidido tomé nota de toda la información que habían aportado dichas personas y reuní a mi grupo de trabajo indicándoles que deberíamos de trasladarnos al lugar donde se presumía había desaparecido hasta ahora la presunta víctima. Salimos en un vehículo rústico todo destartalado, el camino cada vez se hacía más difícil y el sol cada vez más fuerte. Viajamos como dos horas y al finalizar el camino de tierra, nos encontramos con un sendero de tierra rodeado de grandes árboles y espera vegetación. Allí nos esperaban varias personas montadas sobre mulas de carga, habían traído con ellos tres mulas ensilladas y nosotros éramos cuatro, dos funcionarios a duras penas pudieron subirse a una de las mulas, la cual a regañadientes comenzó a cabalgar lentamente, el resto del grupo monto en las dos mulas restantes y comenzamos a seguir al grupo de personas que nos guiaban al lugar de los hechos. Cabalgamos aproximadamente hora y media, entre subidas y bajadas. Al llegar al sitio nos entrevistaos con una joven hermosa, de grandes ojos negros y un cuerpo escultural. Disimuladamente mis ojos se habían posado sobre todo su cuerpo, vestía un pantalón de jean de color azul y una blusa a cuadros de colores azul, negro y gris; con dos de sus botones abiertos que dejaba asomar su hermoso busto. Comencé a entrevistarla y me dijo que la persona desaparecida era su padre, indicándome que había salido de su casa muy temprano hacía dos adías y hasta la presente fecha no tenía noticias de él. Le pregunté qué hacia donde se había dirigido su progenitor y ella, entre sollozos, me dijo que él se había dirigido hacía una ladera de la montaña donde tenía construido un horno rudimentario para la producción de carbón vegetal, el cual vendía en la población más cercana. Le dije que nos llevara hasta dicho lugar y ella accedió de inmediato; volvimos a montar en nuestro transporte y lentamente procedimos a seguir a la mencionada joven. Al llegar, nos percatamos que allí había una construcción rudimentaria elaborada con barro, en forma de rectángulo, totalmente cubierto y con una sola pequeña entrada a su interior, la misma utilizada como horno para la quema de madera producto de la tala de la vegetación del lugar y así conseguir el carbón vegetal. Varias personas se nos acercaron y comenzaron a manifestar que desde hace dos días el referido horno había sido encendido, pudiendo observar que del interior del mismo aún salía espeso humo. Con ayuda de los presentes retiramos la lámina de metal que servía de puerta a la única entrada de la referida construcción. Se percibía en el ambiente un fuerte olor a carne quemada. Pasaron algunos minutos para adaptarnos a tan nauseabundo olor y para disipar algunas llamas que se negaban a apagarse. Cuando pudimos penetrar al citado horno solo se observaban trozos de leña quemados, hubo un momento en que mis ojos se posaron sobre un pequeño bulto, era muy diferente a todo lo demás; le dije a los muchachos que me acompañaban lo que había visto y con dificultad nos movimos hacia donde lo que había observado. Tal fue mi sorpresa, que, al mirar detenidamente dicho bulto, pude percatarme que se trababa de un cuerpo humano, totalmente quemado en sus miembros superiores e inferiores, con el cráneo aún descubierto por la acción del fuego y con la casi totalidad de su dentadura.

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